Elias Böhler

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Elias Böhler

Mensaje por Elias Böhler el Mar Sep 01, 2009 9:47 pm

Nombre: Elias Böhler

Especie: Humano

Fecha de nacimiento: 3 de abril 2084

Edad: 24 años.

Lugar de Residencia: Actualmente: Forks.

Descripción psíquica:

Es muy optimista y amigable. Suele ser educado, bastante justo y está siempre dispuesto a ayudar. Nunca deja esconder una sonrisa y no pierde ninguna ocasión para robarle una a alguien. Tiene un gran corazón y aprecia mucho a sus seres queridos, es un gran apoyo en momentos dolorosos y una buena mano de socorro para una fea caída.

Elias se despreocupa por tener amigos, aún así tiene muy buenos. Considera que su hermana, desde que la vida de ambos cambió, de repente se ha convertido en su amiga predilecta, su favorita y su hermana consentida.

Tal y como un Böhler algunas veces Elias puede ser un tanto bipolar y dejar de lado sus encantos, contadas son las veces que se deja decaer pero a la suerte éste no tarda mucho en sacar a flote uno que otro chiste, algún lindo recuerdo y una sincera sonrisa.

Se considera, ante todo muy afortunado de tener una gran familia y compartir con ella tanto buenos como dolorosos recuerdos, cree que quizá las cosas podrían haber sido muchísimo mejor pero que aún así no es el final de la familia, sabe que su hermano Emanuel siempre estará a su lado y junto a su pequeña Liesel para lo que sea. Cree tanto en su presencia que muchas veces se olvida de no hablar solo entre cuatro paredes, imaginando que la presencia de su hermano está allí.

Descripción física

Spoiler:


Ocupación: Artista, pintor.

Familia:

Agnes Böhler (Madre)
Heinrich Böhler (Padre)
Liesel Böhler (Hermana)
Emanuel Böhler (Hermano; fallecido en el año 2107)

Historia Personal

Originario de Munich (Alemania) y el menor de los Böhler. De niño, solía ser bastante inquieto y despreocupado (dicho y sea, no mucho de esto cambió). Creció consentido por el amor que sus hermanos mayores le brindaban y por la sobreprotección de su madre, mientras que siempre se mandaba una que otra travesura a cómplice con su padre. El niño tenía, después de todo, lo que cualquier otro pequeño podía desear. Sus estudios iban a la perfección, siempre una aspiración a ser casi tan inteligente como su hermana y tan deportista como su hermano. Hasta acostumbraba a darse las rabietas cuando descubría que sus tareas eran mucho más simples que las que a ellos les indicaban los profesores de matemáticas y ciencias. Quería ser tal y como ellos, aún cuando no había muchas diferencias.

La familia estuvo siempre muy unida bajo un vínculo de cariño y apoyo que inculcaba a cada uno de los hermanos a ser lo que serían algún día en sus futuros: grandes personas. Elias poco a poco fue adoptando una personalidad más independiente a medida que ascendía de año pero sin nunca perder ese cariño tan único de su familia. Ya no conformaba el triángulo de quiero ser como ellos sino que se sentía parte de ellos, ya había crecido lo suficiente y se sentía responsable tanto por su hermana como por su hermano. Los tres compartían buenos ratos todo el tiempo, hablaban de lo que fuera, pero ya no corrían de aquí para allá haciendo de las suyas, ya no saltaban las cercas ni trepaban árboles a como cuando eran niños, ya eran adolescentes y él se sentía uno más.
Desde entonces, los años transcurrieron con su debida tranquilidad. Bajo un gran vínculo familiar, un hogar acogedor y unos estudios en popa Elias fue avanzando…

Finalmente, este joven descubrió su aspiración: quería ser artista, pintar. La familia por supuesto, no tuvo ninguna contra, es más se sentían orgullosos de que decidiera por sí mismo y con tanta facilidad lo que querría hacer, si se lo proponía de corazón y luchaba a por ello lo lograría, estaba claro. Los años siguientes fueron tan satisfactorios en cuanto a notas que consiguió una invitación a unirse a la universidad de Brown, en los Estados Unidos. La sorpresa fue tal que, por varios días no pudo creérselo, no dudó un segundo en ingresar y lograr lo que había decidido como futuro para sí.

El tiempo que se estableció allí fue más duro de lo que esperaba. Extrañaba mucho a sus hermanos pero sabía que debía superarlo a como ellos lo habían hecho y que si, después de todo, lo superaba podría llegar a ser alguien importante. Siendo así, sus años continuaron y sus estudios fueron a lo que más dedicó el tiempo, siempre preocupado por mejorar. Ya casi se consideraba un artista.

Fue entonces en unas cortas vacaciones que se dedicó cuando decidieron que con Emanuel irían de visita a ver a la pequeña Liesel. Él iba a pie, por supuesto, mientras que su hermano manejaba su auto para acortar el camino. Si había algo que Elias disfrutaba era el caminar solo.

Fue entonces, a lo largo de una autopista por donde transitaba que se escuchó un estruendo y el chillido de varios autos al frenar, otro estruendo El corazón le dio una sacudida y fue incapaz de visualizar mucho ya que estaba bastante lejos de la zona de impacto pero aún así pudo presenciar que era una cantidad impresionante de autos atrapados en la misma escena.

Veía como varias personas se acercaban para ayudar y cómo la policía que acababa de llegar intentaba de alejarlas de la zona del impacto, corrió hacia allí.

-Aléjese – le ordenó uno de los policías y llevó una mano a su pecho, para detenerle.
-No escuche solo quiero… – fue un segundo, un segundo en que desvió la vista hacia los autos en cuanto reconoció uno de ellos. Las calcomanías, la pintura, era el auto… -Emanuel – susurró.
-¿Cómo dice? Señor, por favor, aléjese
-No, no. Espere reconozco ese auto- señaló uno de los autos más afectados por el impacto. L oficial se giró a ver y junto con él se asomaron un poco más. Elias luchó contra la fuerza del oficial para correr a ayudar –¡Tiene que dejarme ir!
- Imposible. Manténgase alejado, prometo le avisaré a seguridad para que usted reconozca sus pertenencias. ¿Señor, dice que está seguro de reconocer ese auto?
-¿Pertenencias? No, escuche. Tengo que ayudarlo, ¡Emanuel!- gritó inconscientemente, no hubo respuesta. Aferró el brazo del oficial y trató de imaginar que ese no era el auto de su hermano, que no era él. No podía ser él –Reconozco ese auto- dijo finalmente y el oficial le indicó por señas a otro a que sostuviera a Elias mientras que él iba a investigar.
-No se preocupe, todo está bien – pues no lo parecía. No realmente, el auto estaba atrapado y en peores condiciones que todos los demás –Liesel- se recordó y tomó su celular. Justo entonces sonó y atendió con rapidez –¿Liesel? ¿Liesel? ¿Estás ahí? – llamó, pero tampoco obtuvo respuesta.

El oficial se asomó a su lado y le entregó varias pertenencias, celular, llaves, incluso una chaqueta un tanto rasgada. Ahora más que nunca se sentía incapaz de reaccionar, sabía que todo eso pertenecía a su hermano, Emanuel –Esto ha sido todo lo que hemos podido rescatar. Nos han informado que en cuanto se produjo el impacto fue el primero en ser trasladado a un hospital cercano.
-¿Pero está bien? ¿Qué fue lo que sucedió? – el hombre negó con la cabeza, indicándole que era suficiente información. Elias sintió ganas de gritarle muchas cosas, más se contuvo porque su celular volvía a sonar, lo tomó bruscamente y esta vez se encontró con la voz de Liesel, tan preocupada como él

—Es Emanuel. Estuvo en el accidente, pero intento llamarle y no puedo dar con él.
—¿A qué te refieres con “estuvo en el accidente”?
—Su auto fue uno de los más afectados, estoy aquí y él no está. El auto…
—¿No está? ¿Dónde está?
—No saben qué decirme, ha venido un oficial y dijo que lo habían llevado a un hospital, me han entregado sus pertenencias.
—¿Sus… sus pertenencias?
—Sí, pero se niegan a darme más información.
—Muy bien, buscarás a un oficial, cualquiera y le preguntarás por él, a qué hospital lo trasladaron y cuál era su estado. Te llamaré en cinco minutos y me dirás qué sucedió.

Obedeció a lo que su hermana le decía y se aferró al oficial nuevamente, obligándole a que le respondiera con una mirada severa. El oficial respondió que su estado era delicado y que, debieron de responder a la rapidez por éste mismo hecho trasladándolo al hospital en el cual se encontraba Liesel. El oficial le preguntó por el nombre de la víctima del accidente y comprobó que así era, había sido trasladado y qué solo habían podido reconocerle a por sus pertenencias

Llamó a su hermana inmediatamente

—¿Qué te dijeron?
—Lo llevaron… él está, lo trasladaron al hospital… allí donde estás ahora.
—No… Emanuel no ha entrado al hospital, la recepcionista acaba de decirlo.
—¿Cómo sabes que no ha ingresado? Sus pertenencias están en mis manos, el oficial dijo que por eso conocieron su nombre, nada más.
—Pero…

La llamada se perdió y Elias se sumió más en su nerviosismo. No sabía lo que sucedía, ni qué hacer. Sabía que corría peligro de perder a su hermano, pronto reaccionó pidiéndole que le llevaran al hospital. A con él…


Desde ese día, parte de la vida de Elias se perdió por completo. Se sentía inútil e incapaz de sostener a su hermana casi tanto como Emanuel lo había hecho toda su vida, sabía que nunca sería ni lo cerca de bueno y excelente hermano que él había sido. Se sentía solo.

El miedo se apoderó de la familia que una vez había creído que sería eternamente feliz, la decepción, la culpa, la pérdida. Pero con el tiempo, con el esfuerzo y mucha esperanza logró posicionarse como el único hermano de Liesel, que no se recobraba ni daba señales de querer superar aquella pérdida.
Por otro lado, sus padres no querían creer lo que había sucedido, ya casi ni hablaban por temor y ya no eran los mismos de antes, ¿acaso la cordura solo permanecía en sus hombros? Él quería recuperar a su familia, muchas fueron las veces en las que habló con sus padres sin éxito para recordarles lo importante que eran, lo magníficos padres que habían sido para Emanuel

Ya creía que todo era en vano, que su optimismo y su esperanza no ayudarían a recuperar a su familia que recurrió a Liesel, estaba dispuesto a luchar por recuperar a su pequeña hermana…

—Mamá y papá se han ido esta mañana, están preocupados por ti.
—Lamento no haber ido a despedirlos.
—Ellos no te ven desde el día del funeral.
—Lo lamento.
—Están preocupados. Estamos preocupados.
—Yo… lo siento, en verdad.
—No, no lo sientes y no tienes por qué, te entiendo, entiendo lo que sientes, él también era mi hermano… entiendo la relación que ustedes tenían, siempre la entendí y nunca sentí celos porque tanto tú como él supieron hacerme sentir parte de sus vidas. Sé que aún lo quieres y que lo sientes junto a ti, pero no puedes hacer esto, no puedes hacerte esto a ti ni puedes hacerlo a nuestros padres, tampoco voy a permitir que me hagas esto a mí, porque ya perdí a un hermano, no quiero tener que perder a mi hermana también.
—Yo… es que… lo extraño.
—Lo sé y lo entiendo. Pero yo lo extraño a él y te extraño a ti.
—Quiero que vuelva.
—Liesel, debes aprender a vivir con esto.
—¿Cómo puedes decirlo así, tan fácilmente? ¿Acaso no te duele que se haya ido?
—¿Quién ha dicho que se fue? ¿Acaso no recuerdas, quién decía que siempre iba a estar a nuestro lado? Él nunca se irá, aún no se ha ido ¿es que no lo sientes en las paredes? ¿No sientes por las noches que acaricia tu mejilla antes de dormir? ¿Qué te abraza porque te sientes sola y te hace compañía para que no sientas miedo? ¿Acaso no ver que sigue aquí, a tu lado, que nunca se irá porque nunca querrás que te deje? Sé que es difícil, porque quieres mirarlo a los ojos y necesitas que te abrace, pero cierra los ojos y respira profundo… ¿No puedes verlo? ¿Te das cuenta de algo? ¿Notas que su sonrisa no está? Y nunca estará si sigues así. Liesel, eras su niña consentida, su pequeña traviesa, su alma libre… si no sonríes él nunca más lo hará, no importa el sitio en el que esté, nunca sonreirá si su pequeña no lo hace.
—Pero es difícil.
—Eso también lo sé, pero no es imposible. Además, me tienes a mí y siempre estaré aquí para ti, puedes gritarme y golpearme, puedes descargar contra mí, toda la ira que sientes, puedes pedirme que me vaya, puedes decir que nunca más volverás a hablarme, puedes decir lo que quieras pero no me iré. Soy tu hermano y también te quiero, también te necesito y también exijo que sonrías de nuevo. No lo hagas por mí, hazlo por él

Desde entonces se ha dedicado mucho a su hermana, comparte mucho tiempo juntos y prácticamente es con quien tiene más confianza. Se ha prometido a ayudarle en lo que sea y estar siempre para ella, por lo que, ha decidido viajar a Forks.

Estuvo dispuesto a dejar su trabajo en la galería de arte y espera conseguir alguno en Forks que explote al máximo sus habilidades artísticas.

Datos Extra:

-Odia el ajedrez
-No le gusta el café
-Le encanta ver televisión
-Adora las gomas de mascar sin azúcar
-Suele visitar mucho a su hermana
-Tiene un perro, Lotto al que trata como su mejor amigo. Comúnmente se lo ve pasear por ahí junto con él.

Elias Böhler

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