Matilda Duncan.

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Matilda Duncan.

Mensaje por Matilda Duncan el Dom Sep 06, 2009 11:53 pm

Matilda Duncan


Nombre
Matilda.

Apellido

Duncan.

Especie

Híbrido.

Edad
Tiene apenas unos meses pero aparenta unos cuatro o cinco años.

Fecha de nacimiento
Veintitrés de Julio de Dos mil ciento nueve.


Lugar de nacimiento
Irlanda.

Lugar de residencia
Aparece por primera vez en Des Moines, Iowa.
Actualmente reside en Port Angeles.

Poder
Tiene la capacidad de atraer a cualquier especie, exceptuando a los licántropos. Es como si fuera por magnetismo. Quienes están debajo de su don, sienten la necesidad de corresponderle, de entregarse completamente a ella, acercarse, acompañarla, entenderla, ayudarla. Se encuentran como bajo un encanto que los enceguece, los deja sin razón para actuar en contra suya.
El poder desaparece en el caso que otra persona esté influyendo sobre su víctima de forma contraria a la cual ella actúa. Es decir, si pretende atraer a alguien que está en compañía de un tercero que intenta alejarla, quien permanece debajo de su magnetismo vuelve a un estado normal, sin ser afectado por ella.

Descripción física
Tiene claros rasgos Duncan. Cabello pelirrojo, sonrisa sincera, amplia, tranquila. De estatura pequeña aunque más grande que los niños de su edad. Pálida de mejillas y labios rosados. Su mirada es como la de su madre biológica, pacífica pero llena de alegría y esperanza, de un color claro que cambia con el tiempo.

Descripción psíquica
Matilda es una tierna niña que al ser criada por los Duncan, ha obtenido ciertas características propias de la familia, como la búsqueda del bienestar ajeno, la preocupación y dedicación hacia los demás, cierta “tranquilidad de duende”, que la vuelve un ser pacífico aunque bastante hiperquinético.
Es muy inteligente y rápida de mente, pero disimula esto al conocer su situación. A veces, por acto reflejo, contesta cosas inadecuadas para su supuesta edad.
Es muy curiosa, perspicaz. Siempre se cuestiona cada acción, respuesta, idea, pregunta, sentimiento.
Amable, educada, conocedora de límites.
Como cualquier Duncan, es positiva y tiene esperanzas para todo, incluso para poder mejorar y algún día ser aceptada como una humana más.
Es tímida y un poco insegura, sus miedos suelen ganarle a menudo, pero está en un constante intento por encontrar su confianza en sí misma.
Pero por dentro es víctima de una batalla. No puede esconder su parte vampiro por más de los reiterados esfuerzos. Su sed es inalterable y sus deseos de atacar muchas veces la perturban, sin embargo, de una manera heroica logra contenerse por el amor que su familia le ha inculcado.
Es sumamente posesiva, celosa. No le gusta que una persona se aleje de ella, en especial Marge. Tiene una relación totalmente inseparable. Posiblemente sus celos se deban a su condición, como una especie de pertenencia por su sed. Como si se adueñara de las personas por querer que su sangre sea suya, aunque no se alimente de ella, tal como un lazo, una unión. Mientras tanto, sus padres adoptivos creen que es por el abandono que había sufrido.
Inconscientemente llama la atención debido a su don, le es imposible permitir que los demás se alejen de ella ya naturalmente, es como por obra de magnetismo.
Le encantaría ser humana, ya que de esa manera podría ser tratada como tal, sin restricciones ni miradas atentas por su próximo paso a dar.
Es un ser en constante búsqueda de amor y consentimiento.
Cuando se enoja, una inexplicable sensación de ira la conquista, aunque ahora sólo lo demuestra con un rojizo tono en sus mejillas, éste, es un signo tan evidente que Marge y Brad se ponen alerta ante esa reacción.

Familia

Padre biológico: Sean Duncan.
No lo conoce en profundidad. Lo ha visto muy pocas veces –en su nacimiento y cuando fue entregada a Marge- y esos recuerdos los ha dejado guardados en su inconsciente.
No le tiene rencor u odio, sino miedo. Ha creado de la pequeña Tilly una persona indefensa e insegura.
Espera no encontrarse nunca con él, pues cree que lo mejor es la distancia entre ellos. Su temor es tan fuerte que no logra deshacerse de su atención hacia un nuevo hombre que se le acerca, sabe que en algún momento de su vida podría volver a buscarla.

Madre biológica: Lindsay Scott.
Matilda le tiene pena por el destino que le tocó vivir y se siente culpable de ello, sin embargo no la une ningún sentimiento más. No le tiene afecto porque no la conoce ni la extraña tampoco. Sabe de la dedicación que le ofreció durante su embarazo y está totalmente agradecida.

Padre adoptivo: Bradley Roth.
Es su pequeña princesa, la que ríe con sus bromas aunque muchas aún no las entienda.
Es para ella el antónimo de Sean, por lo cual se refugia en sus brazos en cuanto teme a algo.
Pasan tiempo juntos, jugando pacíficamente, pues tiene miedo de herirlo.
Se entienden y suelen defenderse el uno al otro cuando un tercero los ataca de alguna manera.
Ella siempre quiere estar a su lado.

Madre adoptiva: Marge Duncan.
La reconoce como su única figura materna y la ama. No quiere hacerle daño como a su madre biológica. Tampoco sabe cómo alejarse de ella.
Si bien no le cuenta sus pensamientos, ni ideas o temores, pasa muchos momentos a su lado. Teme que ella también se aleje debido a su condición peligrosa.
Quiere aprender de ella, ser como Marge, dulce, considerada, comprensiva, amorosa, positiva, luchadora. Es a la que más le agradece haberla aceptado porque sabe muy bien que no le fue fácil hacerlo.

Hermano adoptivo: Hammond Roth.
Es su hermano mayor, con el que mejor se lleva. Su agilidad mental correspondiente a la de un niño de ocho años merece la atención de Tilly, ya que para ella es más interesante relacionarse con él, pues es más maduro y no la molesta demasiado. Hacen juegos de ingenio, su relación no es tan física. Hacen bromas y de vez en cuando suele seguirlo en sus travesuras, aunque mayormente, ella se pone en contra de sus actos de rebeldía.

Hermano adoptivo: Herbert Roth.
No todo es lo que parece. Podría llevarse mejor con él que con el más mayor, pero a pesar de que se adoran no tienen una relación tan estrecha, ya que éste es más aniñado y le aburre a Tilly. Herbert, además tuvo un gran ataque de celos debido a la llegada de su nueva hermana y eso hizo que él no la mirara con buenos ojos al principio.

Abuelo materno adoptivo: Russell Duncan.
Su amor por él no es más grande que el que siente por Louise pero aún así tienen una gran relación. Ella adora sus clases de ajedrez, mientras que su abuelo adora la atención que le presta en sus explicaciones, algo que con Hammond o Herbert no podría lograr en mil años.
La ve como una niñita muy capaz, de una inteligencia imposible la cual se debería explotar al máximo. Le exige una superación haciéndole preguntas para poner todo su ingenio, aunque de una manera dulce, tierna, con paciencia. No lo hace como un explotador de niños, sino como un ayudante en el crecimiento de la niña. Para él es el ser más fascinante de la tierra, y siempre busca aprender de ella.

Abuela materna adoptiva: Louise Baker.
Louise se ha ganado su corazón. Matilda la toma como su segunda madre y adora pasar momentos con ella. Muchos de sus rasgos los ha captado y agregado a su forma de ser, incluso utiliza sus palabras o frases las ha copiado de su abuela, lo cual hace que muchas veces la llamen “la pequeña Louise”. Marge dice que se ha cometido un error en cuanto a su nombre, la niña debería haberse llamado como su abuela.
Tilly tiene además una gran habilidad en otros quehaceres, y los fue obteniendo a medida que pasaba tiempo junto a Louise, tal como la cocina, lo cual se le da bastante bien a pesar de no llegar del todo a la mesada. Le encanta ayudarle a plantar flores en el jardín, le divierte muchísimo mancharse para jugar un poco a ser una niña como las demás.

ᅜEn cuanto a la familia de Brad, ella no conoce mucho de ésta, su abuela paterna adoptiva murió cuando su padre era ya joven y su abuelo paterno adoptivo decidió mudarse a un campo alejado de todos. Su tío vive en Europa por negocios y aún no se han visto.

Historia Personal

No todas las historias de princesas tienen un comienzo en una gran catedral, con un enorme vestido de sol y un feliz príncipe azul que ofrece a su amada un destino brillante como un amanecer. No. La historia de Matilda es un poco más lúgubre, pero no menos interesante. Incluso, me atrevería a decir, que es mejor llegar a una cálida familia luego de superar tantos obstáculos que se nos presentan en una vida llena de aventuras de todo tipo, que vivir en un oscuro castillo sin más que bordar o cantarle a los pajarillos para iluminar la sala del té.
Así comienza la historia...

Lindsay Scott, una joven irlandesa estudiante de medicina, se encaminaba a un prometedor futuro. Los niños eran su dulce perdición, y disfrutaría de poder ayudarlos desde su profesión. En cuanto a lo personal, tenía una pequeña familia –más pequeña aún- que se reponía de la pérdida de un padre. La joven era la que con mejor filosofía lo había tomado, puesto que consideraba que el paraíso era más placentero que una cama de hospital, entre unos cables que lo mantenían con vida cuando claramente no había más esperanzas. Más allá de eso, todo iba bien, tenía una madre comprensiva y un hermano protector. Su belleza era semejante a Venus, en su espléndido nacimiento en aquél cuadro renacentista del magno Sandro. Tenía un pequeño y tranquilo grupo de amigos y era todo lo que necesitaba. Bueno, quizás un príncipe, no azul sino sólo uno al cual amar.

***


Aquella noche se había quedado tarde en la morgue analizando algunos cadáveres. Era extraño que a una estudiante se le dejara entrar allí para utilizar un cuerpo para una autopsia con fines de diagnóstico forense, pero su esfuerzo en aquél trabajo le había sido bien recompensado, y obtuvo una cita. ¡Estaba tan feliz! No era lo más alegre para ella disfrutar de la muerte, pero nadie ambicionaba más esa oportunidad que la misma Lindsay.
Al finalizar con su tarea, decidió ir a tomar un café antes de cerrar el edificio.
Cuando estaba de vuelta, sintió unos atormentadores gritos dentro de la mortuoria habitación, y claro, la muchacha no era del tipo de personas a las que no les interesa el prójimo, por lo cual fue a su rescate.
Se encontró con el episodio –hasta ese momento- más sangriento: una joven de inexplicable belleza yacía en una camilla metálica dando su último respiro. Su cuerpo se ahogaba en sangre y un hombre de extraña perfección se había percatado de la nueva participante de su banquete.

***


Sean Duncan había sido convertido desde hacía ya varios meses en su ciudad natal, Iowa.
Su vida muy normal se vio interrumpida en un supuesto robo, cuando intentaba llegar al cumpleaños de su único tío vivo, al cual nunca llegaría.
Los Duncan se preocuparon –como cualquier tipo de familia similar a esa lo haría- y fueron por él. Sin embargo la tierra se lo había tragado.
Sean, mientras tanto, estaba en una lucha interna con su ardiente y envenenada sangre. Al despertar, le costó comprender lo que había sucedido, las demás decisiones fueron fáciles: no volvería a ver a su familia por más que lo necesitara, era demasiado riesgo que correr y no estaba dispuesto a ello.
En cuanto estuvo en control, se comunicó con su hermano Russell para comunicarle que había conocido a una joven, dueña de su amor y corazón, una joven enferma que requería urgentemente un tratamiento en un lugar muy alejado. Era obvio que un Duncan quedaría satisfecho con tal excusa, puesto que era una obra de bien.

Su sed de sangre era imposible de detener, y junto con su perfección llegó un deseo más fuerte que él. Por tal razón se vio sometido a sí mismo, para cometer varias violaciones y asesinatos a bellas jóvenes que vivían alrededor del mundo.
Y ese nuevo destino era Irlanda.

***


La mirada llena de terror de la pequeña Lindsay heló su cuerpo, no veía manera de escapar. Pero su sangre dulce le salvó en aquél entonces. Sean sólo se conformó con su cuerpo, y esperaba que aquella joven se convenciera de sus declaraciones de amor. Éstas no eran falsas, pero lo aparentaban en cuanto la búsqueda de placer controlaba al vampiro. Tal sentimiento de cariño, fue suficiente para perdonarle la vida esa noche, condenándola a un final mucho peor.
Esa noche había bastado para concebir a una princesa, de belleza tan sobrenatural como la de su padre junto con la naturalidad de su madre.

Lindsay estuvo escondida de su familia por casi un mes, entre terribles dolores y una debilidad que la devoraba día a día, que la volvía como una muñeca de trapo, cuyo corazón latía con esfuerzo pero con toda la vitalidad que le quedaba a una madre que estaba dispuesta a dar la vida por ese maravilloso ser que llegaría al mundo. Sean estaba a su lado, insistente en que se hiciera algo por no darle vida a aquella cosa no muy conocida para él. Pero era tarde, la decisión estaba tomada: Lindsay pasaría a otro plano para que una pequeña niña pudiera disfrutar de las cosas más bellas de este mundo, porque después de todo, la vida está para disfrutarla y la muchacha ya lo había hecho en ese sacrificado pero valioso mes.
Sin embargo, no sabía muy bien qué sucedería luego, sospechaba que no saldría viva de aquél episodio pero no tenía una idea de cómo eso sería.
Y fue entonces, mucho peor de lo que alguna vez pudo imaginar.
Llegó la tarde en la que un híbrido comenzó a vivir justo cuando su madre dejaba de hacerlo.
La habitación estaba inundada de mucha más sangre que la de aquella vez, donde intercambió miradas con tal extraño ser. La sangre que le había condenado, ella se la ofreció de nuevo a su hija, porque valía la pena.

Sean no tuvo el valor de asesinarla, pues su dulce sonrisa era hechicera. Pero no podía conservarla a su lado, no podría convivir con la culpa de haber asesinado a una pobre joven y encima vivir con el arma con la cual lo había hecho. No podía condenar a la niña tampoco a una vida como la suya, una vida solitaria, en la oscuridad del olvido de un hombre que ya no es más, ni siquiera calificado como un vampiro, sino como un objeto asesino, sin piedad, sin capacidad de controlarse. No, simplemente no podía, y por eso debía buscar ayuda para la pequeña.


Última edición por Matilda Duncan el Lun Sep 07, 2009 2:39 pm, editado 1 vez

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Re: Matilda Duncan.

Mensaje por Matilda Duncan el Dom Sep 06, 2009 11:53 pm

Marge Duncan, su dulce sobrina ya contaba con dos traviesos niños que estaban siendo criados en un comprensivo ambiente, lleno de paz, tranquilidad. Se esperaba de ellos a dos apuestos jóvenes con excelentes valores y una gran admiración por la vida, con muchas ganas de vivir, ser felices y hacer felices a los demás.
Sean sabía que ella podría lograrlo, que no se negaría a ese pedido, que no dejaría sola a la niña. Le enseñaría a vivir como humana, y haría de ella una pequeña pacífica sin necesidad de asesinar ni controlarse por ello, con un sentido de la humanidad y de la moral necesarios para mejorar día a día un mundo que sólo con eso podrá resucitar. Marge, sin dudas, lograría exteriorizar la humanidad de su hija.

Su sobrina no podía llegar a una solución a ello. No quería dejar a la niña sola, pero lo que su tío le estaba pidiendo era algo difícil de entender. Él vampiro, el hombre más humano y simple del mundo era ahora un ser mitológico. Tenía un incontrolable deseo que le obligaba a cometer violaciones y asesinatos, su tío se había convertido en aquello. ¿Cómo? Lo recordaba simpático y risueño, gracioso y dedicado. Con un gran respeto por los demás, incluso por los menores. De una dulzura admirable, paciente y tranquilo al hablar, dispuesto a brindar cualquier tipo de ayuda. Ese hombre ahora le confesaba que había pecado, había violado a una joven y no era la primera. Lo más extraño era la niña, era hija de un supuesto vampiro y de una indefensa humana, era la responsable de la muerte de su madre. ¿Cómo un inocente bebé podría asesinar a una mujer adulta? Eso daba evidencias de que la hija de su tío no era como cualquier mortal, era otro ser fantástico. Aquello sin dudas, traería problemas. Era algo difícil de aceptar. Podría poner en riesgo la vida de toda su familia, de sus hijos.
Brad la alentó. Le dijo que sería divertido. Se trataba de una aventura, cuidar a una niña indefensa, sola, que más allá de lo que pudiera llegar a ser, no tenía a nadie en el mundo.
Y no hizo falta más nada, Marge ya se había encariñado incluso antes de conocerla. No tenía la culpa, y necesitaba de ella, de su familia. Al igual que su tío, ese hombre que alguna vez la acunó entre sus brazos mientras le cantaba una nana.

Fue así como Sean llegó una noche a la casa de los Roth para entregar a la pequeña.
Al recibirlos, la mujer que se convertiría ahora en su madre, se encontró con un hombre de una belleza que superaba cualquier producto de la imaginación, no obstante, su perfección no pudo disminuir el efecto rojizo de sus ojos, que hicieron que Marge se corriera al instante para apoyarse contra la pared y dejarle el paso a su supuesto tío.
Detrás de él una tímida niña se asomaba dando torpes pasos. Se veía con un hermoso vestido verde. Tenía perfectos rasgos Duncan, y otros que dejaban imaginar el rostro de lo que había sido Lindsay en vida, sobretodo, conservaba su mirada. Era diminuta en ese entonces, de una piel que se asemejaba a la suavidad y blancura de una perla que se dejaba entrever bajo las aguas que cubrían un arrecife de coral.
La joven al verla por primera vez, quedó atrapada en su encanto. Parecía humana después de todo, mucho más perfecta que cualquier otra niña, pero humana al fin. Se la veía despierta, pero era tímida y callada. No le gustaba estar en contacto con su padre, por lo cual se quedó esa noche en un rincón del sofá, mirando con curiosidad los rostros de su nueva familia.
Era obvio que entendía todo lo que sucedía, sabía que formaría parte de otra realidad, que su padre verdadero no era normal y que ella tampoco, pero que debía esconder todo aquello ante todas las miradas, cualquiera, incluso las de Marge y Brad, que tenían la situación igual de claro.
Ya en ese instante intentaba borrar todos los recuerdos que precedieron a esa noche. Porque no quería tener más miedo, miedo de su padre, porque esos ojos rojos no eran bonitos para ella. Porque él después de todo la estaba abandonando, y si lo hacía era por algo, por alguna razón importante, un peligro que correrían de no estar allí en ese momento. Porque su optimismo nato le hacía querer que se marchara de esa casa y así empezar todo de cero y hacer de cuenta que nada había sucedido, que era una más, que había estado en el vientre de Marge y que no le había hecho daño alguno.

La excusa para los demás contaba que Sean había caído en un pozo depresivo debido a la muerte esperada de su esposa, un pozo del que nunca podría salir y en el cual la niña se vería sumida si no se alejaba de él.
Todos lo entendieron, porque eran considerados, y aunque deseaban buscar una manera de encontrarlo nuevamente y ayudarlo a salir, era imposible, porque su hermano, cuñado, tío, lo había querido así y posiblemente, Sean no estaría vivo en este momento, seguramente él estaba ya con su esposa, luego de una fatídica noche donde decidió quitarse la vida. Y aquello era doloroso, pero Sean era un adulto, y bastaba con saber que al menos había tenido la cordura heredada de los Duncan para salvar a la niñita.

***



Los días siguientes fueron de adaptación. Todos lograron entenderla, aprendieron a cuidarla y a conocer sus gustos, sus pasiones, su carácter. Día a día se convertía en la niña más hermosa, como una metamorfosis, como si cada día en el que amanecía salía de su capullo más radiante que ayer.
Su crecimiento mental era brillante. Despierta, conciente de todo, aunque la mayoría de sus pensamientos los escondía.
Marge y Brad nunca volvieron a mencionar a Sean, puesto que si lo hacían la niña no dudaría en llorar. Los demás hacían de cuenta que nada había sucedido, pero una mirada que le dedicaban bastaba para hacerle entender que en cualquier momento que ella quisiera contar sus penas, allí estarían.
Se acostumbraron mutuamente. Tilly adoptó características propias de su nueva familia y no le costó nada olvidar a su padre biológico, ya casi no recordaba su rostro. Su mamá era Marge, su papá era Brad, tenía dos hermanos mayores que a veces molestaban pero eran como sus más fieles caballeros. Tenía a sus abuelos que eran amorosos y sabían consentirla en todo. ¡Incluso su tío sabía cómo debía tratarla! Había escuchado de una tal Michelle y no aguantaba para conocerla, era muy bonita según había visto en las fotografías.

***


No todos los principios son alentadores, no todo lo que sucede puede ser coronado con un “Fin”, porque después de todo el fin no existe, siempre hay más detrás de esos grises muros del castillo...
Tilly estaba a punto de enfrentarse con su parte oscura y aquella era la razón por la cual se vería obligada a compartir su vida con Vince y Michelle.


Datos extras

▬Se alimenta de sangre animal que Brad le consigue. Toma cinco vasos por día en diferentes horarios ya fijados, a escondidas de sus hermanos quienes inocentemente podrían divulgar su hábito.
Intenta acostumbrarse a los alimentos de humanos, aunque siente repulsión.
▬No le gusta dormir, pero generalmente no puede soportar una noche de insomnio.
▬Le apasiona leer. Cada vez pide libros más extensos y complejos.
▬Adora caminar descalza.
▬Le encanta dormir en la casa de sus abuelos, aunque Brad y Marge pocas veces se lo permiten.
▬Le llama muchísimo la atención el cielo. Siempre intenta contar las estrellas con Marge. El techo de su cuarto es de un azul oscuro y miles de luces fluorescentes hacen las veces de estrellas.
▬Detesta los peinados extraños, tiene preferencia por los más simples.
▬Pasa horas escuchando las lecciones de ajedrez de su abuelo.
▬Sueña con no crecer jamás pero su condición no la abandona ni por un segundo.
▬No le gustan los juguetes, sin embargo, tiene preferencia por una vieja rana que le pertenecía a Vince de pequeño. La encontró en su habitación, un fin de semana que había pasado con sus abuelos. Louise se lo regaló sin comentárselo a su hijo, pues sabía que nunca se enfadaría por ello. Además, el cuarto de su tío le parece sumamente extraño y gracioso, hay muchas cosas raras, como muñecos de colección de películas que parecen viejísimas llenas de platos voladores y luces cegadoras, cada vez que entra allí se tapa el rostro y comienza a reír.
▬Le encantan los colores fuertes y llamativos.
▬Pasa horas y horas viendo libros de arte con miles de cuadros de artistas famosos.
▬Se nota insegura cuando ve por primera vez a un hombre adulto, le recuerda a su padre biológico.

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